martes, 24 de noviembre de 2009

Tormentas


Una tormenta siempre ha supuesto en mi vida algo importante, el anuncio de que, o bien estaba a punto de suceder algo, o de que lo que estaba pasando mientras caía la tormenta iba a tener relevancia en mi vida. Puede que parezca una superstición pero hace años que vengo observando este fenómeno. Obviamente, me han pasado cosas importantes sin la presencia de una tormenta pero siempre, siempre que hay tormenta, lo tomo como un aviso y pongo mis sentidos alerta. Hasta ahora, no me ha fallado.


El cielo se cubre sobre mi cabeza, se levanta aire, se me electriza la piel y siempre hago el mismo ritual: levanto la mirada hacia el cielo y pregunto en voz alta: “¿Qué pasa?”. Cuanto más fuerte es la tormenta, cuantos más truenos y relámpagos hay en ella, más importante y más fuerte será lo que anuncian. No comprendo el mecanismo y muchas veces he estado tentada de pensar que se trataba de casualidad o autosugestión, pero es que siempre es igual. Obviamente, tengo en cuenta que vivo en una zona geográfica en la que las tormentas no son frecuentes sino todo lo contrario. El año pasado, por ejemplo, no tuvimos ni una sola tormenta en todo el año.


Es una reflexión algo extraña, quizá llena de superstición, pero para mí, es un hecho comprobado. Cuando llega el trueno y el rayo, he de prepararme para una noticia.



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