martes, 24 de noviembre de 2009
Este Lughnnassad ha sido especial, diferente y revelador. Sé que ya nada volverá a ser lo mismo desde este sabbat y sé que quienes me han acompañado en esta transición tendrán siempre un lugar dentro de mi alma.
Todo comenzó en el bosque que hay junto a Rupit, un pueblo encantador situado a unos 90 kilómetros de Barcelona cuyas casas tienen una antigüedad de más de 400 años en muchas casas. Marta quería ir allí para hacer un rito de vinculación a la tierra así que cogimos el coche por la mañana después de una noche de fiesta y nos dirigimos hacia allá. Después de una comida abundante, nos encaminamos hacia el bosque.
Ya en el camino me dí cuenta de que se trataba de un bosque salvaje en el que el hombre no ponía los pies muy a menudo. Íbamos abriendo paso según caminábamos ya que no existían senderos. Quizá el terreno era incluso hostil en algunos tramos, especialmente para las que llevábamos pantalón corto y para la pobre Xénia, que no pareció encajar muy bien.
Por fin, Marta escogió el lugar en el que quería hacer el rito, concretamente a los pies de un joven roble rodeado de un bosquecito de helechos que nos llegaban por la rodilla. De espaldas a nosotras y envuelta en su kilt, Marta comenzó a trabajar mientras María y yo permanecíamos a su lado en silencio para respetar su momento. Comencé a pensar en el simbolismo de aquel sabbat y ya que yo no tenía ningún ciclo por terminar, decidí tratar de comunicarme con los Guardianes del lugar para pedirles que al igual que ellos nos estaban vigilando a nosotras, que siempre me permitieran a mí poder vigilarlas a ellas dos.
De repente, me pareció que aquellos helechos comenzaban a mecerse y a hablarme. Sentí en mi cabeza voces que decían: “Vete” y “Sal”. Pensaba que era por mí pero no volví a escuchar nada, aunque sí me invadió una sensación extraña, una especie de melancolía resignada. Por el rabillo del ojo, además, ví una forma humanoide, de color pardo, que se movía rápidamente entre los árboles, aunque sólo lo vi por unos segundos y al principio pensé que había sido María haciendo un gesto con la mano o Xénia, que se había quedado apartada, pero no, María también lo había visto.
El camino de vuelta a Rupit fue extraño. Caminábamos junto al bosque con la constante sensación de que los propios árboles nos vigilaban y cuchicheaban, con desconfianza y curiosidad al mismo tiempo. Yo iba desconcertada porque era la primera vez que tenía sensaciones de ese tipo, tan pronunciadas y comenzó, aunque de manera muy leve, un leve palpitar en la boca del estómago.
Fuimos comentando este asunto casi todo el viaje a Argentona, donde habíamos quedado con los de Fuaran Na Mimir para celebrar un rito celta y un rito ásatrú. María había percibido muchas cosas acerca del bosque y del pueblo que Marta le fue confirmando, mientras yo no hacía más que pensar en aquellos helechos que se movían y parecían querer hablar, contar su historia.
En Argentona, fuimos a la Font de Ferro, una especie de fuente natural situada en mitad del monte y protegida por una construcción de piedra con techo descubierto, a modo de pequeña ermita.
La Font de Ferro
Tras un rato de charla y comida, nos dirigimos al rito celta, dirigido por Júlia. El interior de la fuente estaba iluminado por una gran vela encendida en un caldero a modo de fogata y encima de nuestras cabezas, estaban las ramas de los árboles. Apenas se veía cielo y las nubes tapaban la luna creciente y las estrellas, así que fuera de allí, todo era oscuridad absoluta. Júlia planteó el rito desde la perspectiva del mito de Tailthu, la madre de Lugh, que se sacrificó a sí misma para crear las llanuras de Irlanda. Todo fue muy emotivo pero cuando Júlia comenzó a cantar la canción de John Barleycorn, un resorte se disparó dentro de mí. Sentí muchas ganas de llorar y mientras todos se felicitaban el día, yo me retiré a un lado en la oscuridad para desahogarme con un llanto desconsolado y lastimoso que me sacudió por completo. No sabía qué me estaba pasando, sólo que no podía dejar de llorar.
There was three men come out o’ the west their fortunes for to try,
And these three men made a solemn vow, John Barleycorn must die,
They ploughed, they sowed, they harrowed him in, throwed clods upon his head,
And these three men made a solemn vow, John Barleycorn was dead.
Tras el rito celta, me sentí distinta, muy distinta. Un nudo se me agarró en el estómago y todo a mi alrededor parecía haber cambiado. Ví algunas sombras en la oscuridad, percibía presencias que antes me pasaban inadvertidas, parecía que la noche me susurraba mil cosas ininteligibles. Tenía la sensación de que estaba en otro plano, como si hubiera cruzado una puerta o como si mirase las cosas a través de otros ojos.
En el rito ásatrú, Nathalie nos contó el mito de Skadi y Gerdr y luego hicimos algunas libaciones. Fue impresionante ver de frente los ojos de Nathalie iluminados por el fuego y su sombra sobre los muros que nos rodeaban. He de reconocer que durante este rito yo estaba más pendiente de las vibraciones que me llegaban de Marta y María que de otra cosa, pues ellas se sentían muy tocadas y yo podía sentirlas, cada una a un lado, vibrando. A mi alrededor notaba presencias, susurros, energías… Era como una niña a la que llevan por primera vez a pasear a una feria y se embelesa con las luces, la música, la gente…
El resto de la velada la pasé preocupada por Marta, porque desapareció en la oscuridad, y tratando de no parecer una perturbada, mirando hacia la oscuridad y llevándome las manos al estómago con cada apretón que sentía. Era como una emoción que subía y bajaba en intensidad e incluso la piel se me erizaba de vez en cuando.
De regreso a Barcelona, a eso de las 2 de la madrugada, un largo relámpago iluminó el cielo delante de nosotros.
Relámpago
En ese instante me dí cuenta de que algo importante me estaba pasando, pues las tormentas siempre me han acompañado en momentos críticos de mi vida. Sentí todo mi cuerpo electrizado y la cabeza me zumbaba, como si se hubiera abierto de golpe la puerta de una presa.
Cuando llegamos a casa de Marta, ya empezaba a llover y yo sentía erizado todo mi cuerpo, incluso las raíces del cabello. Tenía ganas de irme a correr a la playa, bajo la tormenta y gritar hasta hartarme. Me sentía electrizada, llena de energía, como si tuviera algo dentro del pecho que quisiera estallar. Al final, traté de calmarme y me metí en la cama con María. Esa noche dormí bien y sin sueños.
Desde entonces, ya todo es distinto, yo soy otra. Tengo una angustia constante en el estómago que a veces me sube hasta la garganta y de vez en cuando es más intensa. A ratos tengo muchas ganas de llorar, siento un fuerte anhelo pero no sé por qué; luego paso a estados de mucha energía. Siento cosas a mi alrededor y la noche se ha llenado de susurros, de sombras, de escalofríos en la oscuridad. Dicen que todo esto tiene un significado, que he de pasarlo sin tratar de comprenderlo y creo que me va a ser un poco difícil. Estoy con las emociones desatadas y yo siempre he sido bastante moderada así que me cuesta un poco dominarme cuando estoy en situaciones en las que no puedo dejarme llevar.
Por suerte, no voy a pasar eso sola.
Etiquetas: Brujería, Diario, Noche Oscura




0 comentarios:
Publicar un comentario