Hoy me he encontrado un ramillete de muérdago cuando he salido del trabajo. Ha sido curioso porque precisamente esta mañana me he acercado al roble más alto que hay en el Botánico para ver si veía algo de muérdago y me he quedado con las ganas.
Anoche dejé en mi altar seis manzanas cortadas por la mitad y con un punto de miel en el centro, con una vela roja encendida, como ofrenda a Changó por su cumpleaños (sugerencia de Jack Green). Le dí las gracias por haberme salvado hace exactamente tres años y le pedí que me enviase a su hijo cuando él creyera conveniente. Fue un poco raro acostumbrarme a hablarle de usted, que es la manera en la que hay que dirigirse a los orishas.
Esta mañana, cuando llegué al Botánico, busqué una palmera para dejarle a Changó las manzanas y el derecho, que tenían que ser seis monedas (seis es el número de Changó). Jack Green me había aconsejado buscar una palmera africana pero todas las que había eran sudamericanas. Encontré una de Cuba y pensé que quizá sirviera, pero había un problema y es que era muy jovencita y las manzanas iban a quedar demasiado a la vista. Me giré y vi la enooooorme palmera canaria.

Pensé que Canarias es bastante parecido a África, así que con rapidez y antes de que me viera un jardinero, dejé las manzanas y las monedas a los pies de la palmera. Con las prisas, una moneda se quedó en mi bolsillo, la de menos valor, pero supongo que no pasa nada por eso.
Después ha sido cuando me he acercado al roble a ver si había algo de muérdago y me he quedado con las ganas, así que me ha hecho mucha ilusión encontrarme el ramillete perfecto en el suelo, a mis pies. Ya lo he puesto en el altar, en un vaso de agua, a ver cuánto dura.
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